Un año más, qué más da

goodbye.jpgSi tuviera que hacer un balance del año 2008, no podría referirme ni a blancos ni a negros, ni a dulces ni a amargos. Todo fue regularmente bueno y regularmente malo.

Fue un año como los diecinueve anteriores. Penca, pero familiar —demasiado, para mi gusto—; triste, pero soportable.

Tuve la fortuna, eso sí, de cumplir un sueño. Un sueño que para otros no sería un sueño, pero que para mí significó un cambio casi radical en mi vida, un quiebre entre los veinte y los veintiuno. Aún así, no creo que convenga mencionarlo en este blog, no porque se trate de algo demasiado íntimo o personal, sino que por la sencilla razón que el pudor, esta vez, ha vencido mi ánimo de contarlo a otros.

Hoy es 30 de diciembre, y me carga aceptarlo. No hace mucho que abrí regalos bajo el árbol de navidad y parece insólito que ya haya olvidado lo que agradecí, con tanta alegría y sensibilidad, que me obsequiaran.

Miro las caras de mis padres y las percibo tan cansadas y hartas, como queriendo decir ‘estamos chatos’. Cuando yo era niña, mi papá disfrutaba regalarnos juguetes a mis hermanos y a mí, pero a medida que íbamos creciendo, nos iba demostrando, de forma gradualmente explícita, cuánto aborrecía que nos convirtiéramos en unos pendejos materialistas.

Debería odiarlo por eso, pero no puedo, porque estoy demasiado de acuerdo con su concepción. Y no es que en todo orden de cosas piense como él, pero es que esto, tan particularmente personal y tan ligeramente existencial, me inquieta. No me gustaría saber, el día de mañana, que apesto a consumismo.

Pero bueno, no sólo de shopping se trató mi año. Los estudios estuvieron académicamente aceptables, pero socialmente repudiables. Me encerré tanto en mi mundillo universitario, que por poco olvido dónde vivo y lo que solía celebrar cada 13 de junio. Y no crean que eso no me avergüenza. Merezco hostilidad. Leí más a Watzlawick que a mi gruppiado Ray Bradbury, pero ahora lo que más quiero es que Watzlawick y su estúpida teoría de la comunicación se vayan a la... digo, muy lejos. ¡Y que mis oídos reemplacen el análisis pulsional de música electro acústica por unas buenas cumbias de Tommy Rey! He dicho.

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar